Muy
en la línea de la idea principal de este blog, este libro explica la historia
que esconden numerosas canciones.A lo
largo de sus casi 200 páginas, divididas por temáticas (Desde “amor” hasta “”Superhéroes”
o “Nuevas tecnologías”) nos da una visión distinta de una buena selección de temas
que engloban a grupos y músicos tan dispares como Hendrix, Queen, U2, The
Animals, o nacionales como Tino Casal, Siniestro Total, Obús o Coz entre muchos
otros. Sin ser una guía imprescindible, no dejar de ser un gusto curiosear
entre sus páginas para descubrir, como su propio nombre indica, secretos de
canciones que, en algunos casos hemos oído miles de veces sin saber exactamente
de qué hablaba su letra. En la mayoría de los casos nos incluye comentarios
sobre el momento social o particular del grupo que nos hace entender mejor a
qué se refería el tema. Muy fácil de leer y con la posibilidad de consultarlo
sin tener que leerlo completo, es lo que podríamos llamar (en el mejor sentido
de la palabra…) un buen “libro de consulta en el baño” . ¿Sabías que el tema “The house of the Rising
Sun”interpretado por los Animals estaba dedicado a un prostíbulo de
Nueva Orleans que se cerró en 1874, y que, además no era original de este grupo?.
¿Sabía que el título del tema “Con Botas Sucias” de Barón Rojo es el acrónimo
de “CBS”, el nombre de su ex compañía discográfica?. ¿Sabías que la intro
acústica del archifamoso “Starway to
heaven” de Led Zepellinpodría estar plagiado
de un tema llamado “Taurus” del grupo Spirit?. Pues esto y mucho más podrás
aprender en sus páginas.
¿Uno?. ¡¡Cientos!!. Pero no voy a cometer
el error de convertir el año nuevo en un cúmulo de propósitos para desechar a
principios de febrero. “la vida es aquello que te va sucediendo mientras tu te
dedicas a hacer otros planes”, ¿recuerdas?. No. La verdad es que el título de
esta entrada no es más que una excusa para poner en el blog un anuncio que me
ha entusiasmado (…). ¿O quizá si?. A todos nos gusta pensar que el nuevo año
cambiará esa tendencia catastrófica que solemos darle a todo aquello que nos va
pasando, sin pensar que, si fuéramos un poco más realistas y optimistas,
podríamos pensar que, viéndolo de un modo simplemente normal, las cosas no van
tan mal. Es cierto que todos estamos pasando por una situación que no es la
mejor. Todo en nuestra vida podría mejorar, pero ¿qué hacemos para mejorarlo?.
Pues en la mayoría de los casos quejarnos y hacer ver a los demás que nuestra
situación siempre será peor que la de nuestro vecino. Estamos sumidos en una
especie de competición para ver quien es el más desdichado y quién obtiene más
puntos en nuestra “escala personal de pena”. Una escala que, por ser tan
subjetiva, siempre nos tiene guardado como oro en paño ese ¿glorioso? primer
puesto. No. Este año no pienso buscar el “éxito” que tanta gente pretende:
Estar peor que los demás. ¿Que si tengo problemas?. Por supuesto. ¿Que son los
peores?... pues no. Quizá podría estar mejor pero, parándome a mirar alrededor
y desde un punto de vista de otras personas, soy un privilegiado. Este año
tengo un plan. Y es disfrutar un poco más de las pequeñas cosas. En el anuncio,
la chica disfruta (y nos hace disfrutar...) de cosas tan sencillas como
probarse ropa y soñar. Que fácil ¿no?. Y gratis. “Soñar”. Que bonita palabra.
Mi perro sueña todos los días con que lleguemos a casa para acariciarle la
cabecilla, y con su momento de calle para jugar con sus amigos. Que cosa tan
simple.La mayoría de la gente sueña con
que le toque la lotería. Y simplemente con ese momento de soñar lo que harías
con tanto dinero, a donde te irías, cómo lo repartirías... ya eres un poquito
más feliz. Pero en lugar de utilizarlo para ser feliz, aunque sea cinco minutos
al día, lo utilizamos para volver a pensar lo infelices que somos. Y lo
infelices que podríamos llegar a ser si nos lo propusiéramos. Porque, por lo
visto, si no tenemos dinero no tenemos derecho a la felicidad. Y lo peor es que
a nuestros hijos les inculcamos esa filosofía. Si utilizásemos esa energía para
todo lo contrario seríamos un poco más felices. Que simple.
Siempre he pensado en “el placer de la
gratuidad”. Hay un montón de cosas que nos pueden hacer un poquito mejor el día
sin tener la necesidad de gastar, de derrochar. Sacar los acordes de una
canción, escribir esa canción pendiente desde hace años (no se me olvida,
Jones...) aunque sea un truño, un verso, un acorde, una historia, una canción
escondida que está dispuesta a ser descubierta por tí... Un paseo por tu ciudad
favorita, una tienda de libros de segunda mano, o de discos, una pequeña
guitarrita que tus amigos te regalan y que, en realidad no tienen ni idea de lo
mucho que te ha gustado, un café en una terraza viendo la vida pasar, un músico
cantando en la calle, una chica que te sonríe... Un mundo esperándote tras cada
esquina. Un nuevo plato hecho con tres ingredientes, una fiesta de amigos en
casa, una visita inesperada, un pequeño propósito de año nuevo. Un gran
propósito para toda la vida. No sé a quien escuché una vez decir que el
aprendizaje de la guitarra es algo para toda la vida. Y es verdad. Poco a poco
vas sacando canciones y cuanto más aprendes más disfrutas. Calle de la Música
también nació para ser un proyecto a largo plazo. A muy largo plazo. Para toda
la vida. Un proyecto para disfrutar de él y, si es posible, hacer disfrutar a
los demás. Un sueño para toda una vida.
Por eso tengo un plan. Para este año de
malísima suerte por contener una cifra preciosa (el famoso 12+1... que
gilipollez) me he propuesto varias cosas. No creerme que sea una mal año. No
creer a la gente que se queja continuamente. No dejar de lado a mis amigos.
Disfrutar de una canción. De miles de canciones. Ayudaros a descubrirlas y que
vosotros me ayudeis a descubrir miles de detalles, anécdotas y acordes ocultos
en cada una de ellas. Cambiar mi Calle de la Música.
Y de vez en cuando soñar. Y por qué no, con
que me toque una lotería (“en realidad soy un cínico”. Gabinete Caligari) y
poder hacer físico mi pequeño sueño de Calle de la Música. Y soñar que, al
final creamos esa canción y la cantamos juntos en una noche “a lo
Sabina-Prado”. Y soñar que me puedo subir a un escenario a tocar un tema con
algún buen amigo que, a pesar del tiempo y la distancia nunca he olvidado. Y
soñar que en el mundo hay un maratoniano más. Y soñar que mi madre me dá un
beso más. Y soñar que puedo seguir contando con vosotros desde este pequeño
taburete, que no atalaya. Sin promesa de continuidad. Y soñar. ¡¡¡Que es
gratis, coño!!!. (Que no se entere de esto Rajoy).
Hoy he hecho un experimento curioso. Me he metido en el “yutuf”a husmear y me he puesto a encadenar enlaces
. En el lateral derecho siempre te ponen sugerencias, en teoría relacionadas con
tu búsqueda, aunque en muchos casos nos sorprendería encontrar ciertas “concordancias”.
He encontrado cosas muy curiosas; versiones imposibles, videos que recuerdan
otros tiempos, nuevos descubrimientos… todo un lujo de archivo al alcance de
todos. He ido enlazando canciones eligiendo en algunos casos por afinidad con
la canción o el artista y en otros con la intención de descubrir. Y ha sido
curioso. Y lo más gracioso del tema es que cada uno haría una lista única y
distinta. Esta ha sido la mía. ¿Cuál es la tuya?
·Camins – Sopa de Cabra
·Boig per tu – Piano
·Boig per tu – Sau y Luz Casal
·Camins – Amaral
·Días de verano – Amaral
·El lado oscuro – Jarabe de palo
·Sueños rotos – La quinta estación
·Me muero por besarte – La quinta estación
·Sin miedo a nada – Alex Ubago y Amaia Montero
·Cuando los sapos bailen flamenco – Ella baila
sola
Versión acústica y super-descafeinada del tema de Extremoduro realizada por Georgina en el Buho Real, en Madrid. Aunque la versión sea muy "dulzona" merece la pena escuchar cosas de esta chica.
Hace pocos días, escudriñando mi
colección de discos, cogí uno de esos que , sin saber por qué tienes ahí
guardado. Tengo muchos discos que un día compraste porque escuchaste una
canción en la radio, te gustó, te lo pillas y al final sólo escuchas esa
canción o ni siquiera eso. El caso es que al final te encuentras que tienes una
gran cantidad de discos que no has escuchado enteros. Asignaturas pendientes
que la vida te va creando. Ni eso. Tú te las vas creando. El caso es que cogí
ese disco, me lo llevé a trabajar con la curiosidad de cuál sería la canción
escondida de ese disco. Tras varias pistas en las que descubres cosas curiosas,
esta me suena… esta es un rollo.. esta… esta… ¡¡¡ ESTA ¡¡¡. Me ocurrió lo que
hacía años que no me pasaba. Descubrí cual era la tecla “repeat” del
reproductor y escuché la canción una y otra vez. “Ya está bien por hoy. No
quiero hartarme de ella” y cambiabas de disco pero inconscientemente volvías a
el y volvías a dar a la tecla 3. Y vuelves a descubrir el secreto de la música.
El porqué de esa cultura que a algunos les es indiferente, a otros les agrada,
a otros les entusiasma y a otros nos hace falta como el aire. Vuelves a
descubrir por qué hace años renunciaste a muchas cosas por ir a un concierto,
por comprarte un disco, una guitarra, por ir a un garito solo por la música que
ponían… Renuncias a tiempo con “los tuyos” por estar a solas con tu compañera a
la que, no sabes la razón, le has puesto un nombre (la mayoría de las veces un
poco hortera) y que pasito a paso te cuenta más cosas que cualquier persona a
la que deberías de querer por el hecho de pertenecer a tu familia, a tu círculo
de “amigos”. El instrumento es el perro fiel de un músico: Por mucho que le
maltrates, que no le des tiempo y ni siquiera te fijes que está ahí, en el
momento menos pensado te da un lametazo y te implora sólo un poquito de cariño.
Sin pedirte nada a cambio.La música,
lejos de adjetivos, siempre está ahí. Inconscientemente la escuchas
continuamente. Los padres de nuestra generación no se quejan de “esa música de
pelujones piojosos” cuando se camufla tras los tiros y los ruidosde una película de acción. Todo el mundo se
acuerda de “ese” anuncio que tenía la musiquita de… Los centros comerciales
manejan tu velocidad dependiendo de la música de ambiente que les interese en
cada momento. Los atascos son menos atascos cuando pones la emisora musical.
Sin embargo la gente se altera más cuando pone la emisora de debates sobre la
situación actual de este mundo que nos ha tocado vivir. Servidor, como uno más
que soy también me he dejado llevar por esa atmósfera derrotista que nos empapa
y que nos obliga a aceptar cosas que en otros tiempos jamás habríamos aceptado.
Me he visto envuelto en la vorágine de consumismo que nos ha atado a una
hipoteca y a una forma de vida que, lejos de hacernos más felices, nos obliga a
tomar decisiones que no queremos. Si además, como yo, te cuesta cada día más
decir la palabra “no”, la cosa se complica. Recientemente, alguien me comentó,
hablando de un individuo digamos, un tanto “desechable”, que había gente en el
mundo que, sin que nos demos cuenta, nos absorben la energía. Y yo cada día
estoy más convencido de que es verdad. Y el problema es cuando esa persona/as
están muy cerca de ti y además no sabes decir “no”. Al final descubres que la
única forma de recargar las pilas termina siendo volver atrás y recurrir a tu
terapia aunque solo sea unos minutos al día. Y vuelves a esa canción que te
recuerda aquellos tiempos, aquellos sitios, aquellos amigos, aquellos momentos.
Y te hacer volver a dar otro pasito antes de tirar la toalla, una vez más… Y coges
a tu compañera entre tus manos e intentas una vez más sacar algo coherente
entre sus cuerdas. Ydescubres lo bien
que suena esa cancioncilla de la que alguna escribiste los acordes en un
cuaderno que tenías olvidado entre las diez mil millones de cosas
“imprescindibles” que tienes en tu casa. Y si alguien te pregunta “¿Qué tres
cosas te llevarías a una isla desierta?” tu respondes “ Mi guitarra y las otras
dos cosas te las regalo a ti”. Bueno, no. También me llevaría a mi gatita para
que conozca el mar. Hace años, la última vez que vi a mi abuela antes de morir,
con alzhéimer, entré a su habitación de la residencia y pude observar que lo
único que tenía en ella después de toda una vida matándose a trabajar era un
osito de peluche y una foto de mi hermano con sus nietos los pequeños. Y te
planteas si realmente es necesario guardar tantas cosas para, al final acabar
así. En mi habitación de la residencia no habría ninguna foto. Sólo estaríamos
mi guitarra y yo. Eso sí, tendrían que aceptar animales, porque si no Luna se
pondría celosa. No tendría todos mis discos, ni equipos de música, ni fotos de
familiares, ni adornos horteras de viajes. Al final lo que te llevas es lo que
hay en tu cabeza: Canciones, aquel paisaje desde el mirador de Ézaro, aquella
chica cantando “White flag” en la cubierta de un barquito… la mirada orgullosa
de mi madre, el primer beso… Por eso, después de mucho tiempo sin aparecer por
aquí vuelvo, eso sí, esta vez sin promesa de continuidad, a escribir sobre
aquello que me hace respirar, vivir, sentir, reír, llorar, pensar…
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