martes, 15 de enero de 2013 0 comentarios

El mundo secreto de las canciones


Muy en la línea de la idea principal de este blog, este libro explica la historia que esconden numerosas canciones.  A lo largo de sus casi 200 páginas, divididas por temáticas (Desde “amor” hasta “”Superhéroes” o “Nuevas tecnologías”) nos da una visión distinta de una buena selección de temas que engloban a grupos y músicos tan dispares como Hendrix, Queen, U2, The Animals, o nacionales como Tino Casal, Siniestro Total, Obús o Coz entre muchos otros. Sin ser una guía imprescindible, no dejar de ser un gusto curiosear entre sus páginas para descubrir, como su propio nombre indica, secretos de canciones que, en algunos casos hemos oído miles de veces sin saber exactamente de qué hablaba su letra. En la mayoría de los casos nos incluye comentarios sobre el momento social o particular del grupo que nos hace entender mejor a qué se refería el tema. Muy fácil de leer y con la posibilidad de consultarlo sin tener que leerlo completo, es lo que podríamos llamar (en el mejor sentido de la palabra…) un buen “libro de consulta en el baño” .  ¿Sabías que el tema “The house of the Rising Sun”  interpretado por  los Animals estaba dedicado a un prostíbulo de Nueva Orleans que se cerró en 1874, y que, además no era original de este grupo?. ¿Sabía que el título del tema “Con Botas Sucias” de Barón Rojo es el acrónimo de “CBS”, el nombre de su ex compañía discográfica?. ¿Sabías que la intro acústica del  archifamoso “Starway to heaven” de Led Zepellin  podría estar plagiado de un tema llamado “Taurus” del grupo Spirit?. Pues esto y mucho más podrás aprender en sus páginas.

Nota : 7,5 sobre 10

El mundo secreto de las canciones

Sergio Guillén / Andrés Puente

Editorial T&B

Año 2007

ISBN: 978-84-96576-49-0

 



 
martes, 1 de enero de 2013 2 comentarios

2013. Tengo un plan




¿Uno?. ¡¡Cientos!!. Pero no voy a cometer el error de convertir el año nuevo en un cúmulo de propósitos para desechar a principios de febrero. “la vida es aquello que te va sucediendo mientras tu te dedicas a hacer otros planes”, ¿recuerdas?. No. La verdad es que el título de esta entrada no es más que una excusa para poner en el blog un anuncio que me ha entusiasmado (…). ¿O quizá si?. A todos nos gusta pensar que el nuevo año cambiará esa tendencia catastrófica que solemos darle a todo aquello que nos va pasando, sin pensar que, si fuéramos un poco más realistas y optimistas, podríamos pensar que, viéndolo de un modo simplemente normal, las cosas no van tan mal. Es cierto que todos estamos pasando por una situación que no es la mejor. Todo en nuestra vida podría mejorar, pero ¿qué hacemos para mejorarlo?. Pues en la mayoría de los casos quejarnos y hacer ver a los demás que nuestra situación siempre será peor que la de nuestro vecino. Estamos sumidos en una especie de competición para ver quien es el más desdichado y quién obtiene más puntos en nuestra “escala personal de pena”. Una escala que, por ser tan subjetiva, siempre nos tiene guardado como oro en paño ese ¿glorioso? primer puesto. No. Este año no pienso buscar el “éxito” que tanta gente pretende: Estar peor que los demás. ¿Que si tengo problemas?. Por supuesto. ¿Que son los peores?... pues no. Quizá podría estar mejor pero, parándome a mirar alrededor y desde un punto de vista de otras personas, soy un privilegiado. Este año tengo un plan. Y es disfrutar un poco más de las pequeñas cosas. En el anuncio, la chica disfruta (y nos hace disfrutar...) de cosas tan sencillas como probarse ropa y soñar. Que fácil ¿no?. Y gratis. “Soñar”. Que bonita palabra. Mi perro sueña todos los días con que lleguemos a casa para acariciarle la cabecilla, y con su momento de calle para jugar con sus amigos. Que cosa tan simple.  La mayoría de la gente sueña con que le toque la lotería. Y simplemente con ese momento de soñar lo que harías con tanto dinero, a donde te irías, cómo lo repartirías... ya eres un poquito más feliz. Pero en lugar de utilizarlo para ser feliz, aunque sea cinco minutos al día, lo utilizamos para volver a pensar lo infelices que somos. Y lo infelices que podríamos llegar a ser si nos lo propusiéramos. Porque, por lo visto, si no tenemos dinero no tenemos derecho a la felicidad. Y lo peor es que a nuestros hijos les inculcamos esa filosofía. Si utilizásemos esa energía para todo lo contrario seríamos un poco más felices. Que simple.

Siempre he pensado en “el placer de la gratuidad”. Hay un montón de cosas que nos pueden hacer un poquito mejor el día sin tener la necesidad de gastar, de derrochar. Sacar los acordes de una canción, escribir esa canción pendiente desde hace años (no se me olvida, Jones...) aunque sea un truño, un verso, un acorde, una historia, una canción escondida que está dispuesta a ser descubierta por tí... Un paseo por tu ciudad favorita, una tienda de libros de segunda mano, o de discos, una pequeña guitarrita que tus amigos te regalan y que, en realidad no tienen ni idea de lo mucho que te ha gustado, un café en una terraza viendo la vida pasar, un músico cantando en la calle, una chica que te sonríe... Un mundo esperándote tras cada esquina. Un nuevo plato hecho con tres ingredientes, una fiesta de amigos en casa, una visita inesperada, un pequeño propósito de año nuevo. Un gran propósito para toda la vida. No sé a quien escuché una vez decir que el aprendizaje de la guitarra es algo para toda la vida. Y es verdad. Poco a poco vas sacando canciones y cuanto más aprendes más disfrutas. Calle de la Música también nació para ser un proyecto a largo plazo. A muy largo plazo. Para toda la vida. Un proyecto para disfrutar de él y, si es posible, hacer disfrutar a los demás. Un sueño para toda una vida.

Por eso tengo un plan. Para este año de malísima suerte por contener una cifra preciosa (el famoso 12+1... que gilipollez) me he propuesto varias cosas. No creerme que sea una mal año. No creer a la gente que se queja continuamente. No dejar de lado a mis amigos. Disfrutar de una canción. De miles de canciones. Ayudaros a descubrirlas y que vosotros me ayudeis a descubrir miles de detalles, anécdotas y acordes ocultos en cada una de ellas. Cambiar mi Calle de la Música.

Y de vez en cuando soñar. Y por qué no, con que me toque una lotería (“en realidad soy un cínico”. Gabinete Caligari) y poder hacer físico mi pequeño sueño de Calle de la Música. Y soñar que, al final creamos esa canción y la cantamos juntos en una noche “a lo Sabina-Prado”. Y soñar que me puedo subir a un escenario a tocar un tema con algún buen amigo que, a pesar del tiempo y la distancia nunca he olvidado. Y soñar que en el mundo hay un maratoniano más. Y soñar que mi madre me dá un beso más. Y soñar que puedo seguir contando con vosotros desde este pequeño taburete, que no atalaya. Sin promesa de continuidad. Y soñar. ¡¡¡Que es gratis, coño!!!. (Que no se entere de esto Rajoy).

 

Feliz Dos Mil Trece a todos.

 

P.D.: ¿Cuál es vuestro plan?
viernes, 14 de septiembre de 2012 0 comentarios

El juego del You Tube


Hoy he hecho un experimento curioso. Me he metido en el “yutuf”  a husmear y me he puesto a encadenar enlaces . En el lateral derecho siempre te ponen sugerencias, en teoría relacionadas con tu búsqueda, aunque en muchos casos nos sorprendería encontrar ciertas “concordancias”. He encontrado cosas muy curiosas; versiones imposibles, videos que recuerdan otros tiempos, nuevos descubrimientos… todo un lujo de archivo al alcance de todos. He ido enlazando canciones eligiendo en algunos casos por afinidad con la canción o el artista y en otros con la intención de descubrir. Y ha sido curioso. Y lo más gracioso del tema es que cada uno haría una lista única y distinta. Esta ha sido la mía. ¿Cuál es la tuya?

 

·         Camins – Sopa de Cabra

·         Boig per tu – Piano

·         Boig per tu – Sau y Luz Casal

·         Camins – Amaral

·         Días de verano – Amaral

·         El lado oscuro – Jarabe de palo

·         Sueños rotos – La quinta estación

·         Me muero por besarte – La quinta estación

·         Sin miedo a nada – Alex Ubago y Amaia Montero

·         Cuando los sapos bailen flamenco – Ella baila sola

·         Pa ti no estoy – Rosana

·         Tarde o temprano – Fito y Fitipaldis

·         Vivir para contarlo – Violadores del verso

·         Ayer y hoy ft. El Chojin – Nach

·         Ellas – Nach e Ismael Serrano

·         Fuente de energía – Estopa
lunes, 3 de septiembre de 2012 1 comentarios

Diversioneando . La vereda de la puerta de atrás

Versión acústica y super-descafeinada del tema de Extremoduro realizada por Georgina en el Buho Real, en Madrid. Aunque la versión sea muy "dulzona" merece la pena escuchar cosas de esta chica.


Saludos
miércoles, 29 de agosto de 2012 2 comentarios

La música como terapia.


Hace pocos días, escudriñando mi colección de discos, cogí uno de esos que , sin saber por qué tienes ahí guardado. Tengo muchos discos que un día compraste porque escuchaste una canción en la radio, te gustó, te lo pillas y al final sólo escuchas esa canción o ni siquiera eso. El caso es que al final te encuentras que tienes una gran cantidad de discos que no has escuchado enteros. Asignaturas pendientes que la vida te va creando. Ni eso. Tú te las vas creando. El caso es que cogí ese disco, me lo llevé a trabajar con la curiosidad de cuál sería la canción escondida de ese disco. Tras varias pistas en las que descubres cosas curiosas, esta me suena… esta es un rollo.. esta… esta… ¡¡¡ ESTA ¡¡¡. Me ocurrió lo que hacía años que no me pasaba. Descubrí cual era la tecla “repeat” del reproductor y escuché la canción una y otra vez. “Ya está bien por hoy. No quiero hartarme de ella” y cambiabas de disco pero inconscientemente volvías a el y volvías a dar a la tecla 3. Y vuelves a descubrir el secreto de la música. El porqué de esa cultura que a algunos les es indiferente, a otros les agrada, a otros les entusiasma y a otros nos hace falta como el aire. Vuelves a descubrir por qué hace años renunciaste a muchas cosas por ir a un concierto, por comprarte un disco, una guitarra, por ir a un garito solo por la música que ponían… Renuncias a tiempo con “los tuyos” por estar a solas con tu compañera a la que, no sabes la razón, le has puesto un nombre (la mayoría de las veces un poco hortera) y que pasito a paso te cuenta más cosas que cualquier persona a la que deberías de querer por el hecho de pertenecer a tu familia, a tu círculo de “amigos”. El instrumento es el perro fiel de un músico: Por mucho que le maltrates, que no le des tiempo y ni siquiera te fijes que está ahí, en el momento menos pensado te da un lametazo y te implora sólo un poquito de cariño. Sin pedirte nada a cambio.  La música, lejos de adjetivos, siempre está ahí. Inconscientemente la escuchas continuamente. Los padres de nuestra generación no se quejan de “esa música de pelujones piojosos” cuando se camufla tras los tiros y los ruidos  de una película de acción. Todo el mundo se acuerda de “ese” anuncio que tenía la musiquita de… Los centros comerciales manejan tu velocidad dependiendo de la música de ambiente que les interese en cada momento. Los atascos son menos atascos cuando pones la emisora musical. Sin embargo la gente se altera más cuando pone la emisora de debates sobre la situación actual de este mundo que nos ha tocado vivir. Servidor, como uno más que soy también me he dejado llevar por esa atmósfera derrotista que nos empapa y que nos obliga a aceptar cosas que en otros tiempos jamás habríamos aceptado. Me he visto envuelto en la vorágine de consumismo que nos ha atado a una hipoteca y a una forma de vida que, lejos de hacernos más felices, nos obliga a tomar decisiones que no queremos. Si además, como yo, te cuesta cada día más decir la palabra “no”, la cosa se complica. Recientemente, alguien me comentó, hablando de un individuo digamos, un tanto “desechable”, que había gente en el mundo que, sin que nos demos cuenta, nos absorben la energía. Y yo cada día estoy más convencido de que es verdad. Y el problema es cuando esa persona/as están muy cerca de ti y además no sabes decir “no”. Al final descubres que la única forma de recargar las pilas termina siendo volver atrás y recurrir a tu terapia aunque solo sea unos minutos al día. Y vuelves a esa canción que te recuerda aquellos tiempos, aquellos sitios, aquellos amigos, aquellos momentos. Y te hacer volver a dar otro pasito antes de tirar la toalla, una vez más… Y coges a tu compañera entre tus manos e intentas una vez más sacar algo coherente entre sus cuerdas. Y  descubres lo bien que suena esa cancioncilla de la que alguna escribiste los acordes en un cuaderno que tenías olvidado entre las diez mil millones de cosas “imprescindibles” que tienes en tu casa. Y si alguien te pregunta “¿Qué tres cosas te llevarías a una isla desierta?” tu respondes “ Mi guitarra y las otras dos cosas te las regalo a ti”. Bueno, no. También me llevaría a mi gatita para que conozca el mar. Hace años, la última vez que vi a mi abuela antes de morir, con alzhéimer, entré a su habitación de la residencia y pude observar que lo único que tenía en ella después de toda una vida matándose a trabajar era un osito de peluche y una foto de mi hermano con sus nietos los pequeños. Y te planteas si realmente es necesario guardar tantas cosas para, al final acabar así. En mi habitación de la residencia no habría ninguna foto. Sólo estaríamos mi guitarra y yo. Eso sí, tendrían que aceptar animales, porque si no Luna se pondría celosa. No tendría todos mis discos, ni equipos de música, ni fotos de familiares, ni adornos horteras de viajes. Al final lo que te llevas es lo que hay en tu cabeza: Canciones, aquel paisaje desde el mirador de Ézaro, aquella chica cantando “White flag” en la cubierta de un barquito… la mirada orgullosa de mi madre, el primer beso… Por eso, después de mucho tiempo sin aparecer por aquí vuelvo, eso sí, esta vez sin promesa de continuidad, a escribir sobre aquello que me hace respirar, vivir, sentir, reír, llorar, pensar…

 

Perdón por la tristeza.
 
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